Dinosaurios de Coahuila: de la expedición al museo
Coahuilaceratops magnacuerna
Porvenir de Jalpa, General Cepeda, Coahuila
Martha Carolina Aguillón

CUENTO

“Se topó con grandes cuernos petrificados. No creerás lo que descubrió”

Etapa 4: Publicación de resultados

—Mamá, justo estaba anotando lo que descubrí en mi diario de campo.
—¿Y sabes qué podrías hacer ahora? Podrías hacer un escrito donde expliques todo lo que descubriste, con el dibujo de tu dinosaurio y así lo puede leer otra gente.

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ARTÍCULO

Una cara con cuernos en Coahuila

¿Qué pasa si descubres una nueva especie de dinosaurio, pero no tienes la seguridad de dónde publicar los resultados para presentar tu investigación? Algo así les sucedió a los investigadores que encontraron los restos de un espécimen de grandes cuernos: el Coahuilaceratops magnacuerna. 

A pesar de tener la certeza de que se trataba de un material importante, no tenían el cráneo completo ni el resto de su esqueleto. “Esa fue una inseguridad para publicar. Afortunadamente en esos años se vino una ola de nuevos descubrimientos de este grupo, de ceratópsidos, y se hizo un congreso en Canadá”, recuerda la paleontóloga Martha Aguillón Martínez, quien ha participado en la mayoría de los descubrimientos de fósiles en Coahuila. 

¿Por qué se hizo piedra el caracol?

Cuando era niña, a Martha Aguillón le gustaba jugar en un cerro que parecía monstruo marino. En aquellos años jamás había escuchado hablar de los dinosaurios. Pero ahora, sabe que ese cerro tenía la forma del lomo de un saurópodo. 

Un día mientras buscaba piedras, caracoles y pitayas, lo habitual en sus caminatas por el cerro, se topó con un caracol petrificado. “Recuerdo claramente que llegué buscando a mi papá, porque era mi héroe. Él lo sabía todo. Le mostré los caracoles blancos y el de piedra y le pregunté: ‘¿Qué pasó aquí? ¿Por qué razón tengo este caracol y este está hecho piedra?’ Mi papá simplemente se encogió de hombros”, rememora. 

La curiosidad de Martha la llevó a inclinarse por el estudio de los seres vivos. Originalmente quería estudiar Medicina, una carrera muy costosa en aquellos años. Así que entró a la Normal Superior de Coahuila y se especializó en Ciencias Naturales. Posteriormente realizó una licenciatura en Biología y una maestría en Ciencias Naturales, por la Escuela Superior del Estado de Coahuila y una maestría en ciencias con especialidad en Paleontología de vertebrados, por la Universidad Metodista del Sur en Dallas, Texas.

Una colección para preservar

En la Normal Superior pudo entender por qué aquel caracol que vio cuando era niña se había petrificado, gracias a la materia de Paleontología. El trabajo final era recolectar 30 fósiles por estudiante y eso fue el principio de todo. “Llegó un punto en que dijimos: algo se tiene que hacer con todos esos fósiles. Son muy importantes, es la historia de nuestro estado y es la historia geológica”.

Así, junto a sus compañeros, formaron una colección para instruir a los maestros de educación primaria y secundaria sobre geología, paleontología y la diferencia con la arqueología; y por qué en Coahuila hay fósiles del mar y vertebrados.

“Llegó un punto en que dijimos: algo se tiene que hacer con todos esos fósiles. Son muy importantes, es la historia de nuestro estado y es la historia geológica”.

Martha Carolina Aguillón

Martha fue una de las pioneras en el rescate e investigación de dinosaurios en Coahuila. Participó en el equipo de trabajo para el rescate de Isauria, junto a René Hernández Rivera, Luis Espinosa Arrubarrena y el doctor Shelton P. Applegate. Tras la presentación de esos resultados, conoció al doctor Jim Kirkland, quien le ayudó a conseguir la beca para estudiar paleontología. 

Los cuernos del dinosaurio

El rescate del Coahuilaceratops magnacuerna vino años después, a raíz del proyecto “Dinosaurios de la cuenca de Parras”, en el que intervino un equipo interdisciplinario compuesto por 16 investigadores de diferentes instancias, tanto de México como de Estados Unidos y Canadá

El paleontólogo Claudio de León, realizó el descubrimiento en Porvenir de Jalpa, en el municipio de General Cepeda. En la investigación participó el personal del Royal Tyrrell Museum, de Alberta, Canadá, el director del proyecto, Scott Samson, Mike Getty, del Natural History Museum of Utah, de Estados Unidos y René Hernández Rivera, Rubén Rodríguez de la Rosa, Claudio de León y Martha Aguillón, de la Coordinación de Paleontología de la Secretaría de Educación de Coahuila.

Porvenir de Jalpa, General Cepeda, Coahuila

“El maestro Claudio de León tenía en su poder unos huesos de dinosaurio, lo que él creía que eran unos cuernos. Él realmente no quería que se rescatara ese ejemplar. Fue muy difícil, creo que mi participación ahí fue primero como mediadora, hablar con Claudio, convencerlo de la importancia del fósil que él había encontrado, y que se tenía que hacer su rescate de forma adecuada.”

Al empezar la excavación aparecieron elementos del cráneo de un dinosaurio adulto, y luego otros elementos un poco más pequeños. Era un dinosaurio juvenil. Así, se toparon con un dinosaurio con cuernos en la cara, el ejemplar articulado más completo que se había encontrado hasta ese momento. Tenía los cuernos más largos, ubicados arriba de sus ojos y presentaba un hueso nasal muy grueso con un cuerno pequeño y redondo, a diferencia de los ceratópsidos conocidos.

Al terminar el campamento se dividieron el trabajo entre los tres países. El primer objetivo era investigar la edad de las rocas que tenían los huesos que recolectaron para determinar la edad de los especímenes, tarea realizada por el equipo de Canadá. La fase de preparación del material la dividieron entre el equipo de Estados Unidos y México. 

Una vez preparado, comenzaron a analizarlo y compararlo con lo que ya existía en Canadá donde se encuentra el mayor número de esqueletos. Ahí se determinó la familia a la que pertenece. 

Los ceratópsidos, o dinosaurios con cuernos en la cara, se dividen en dos grupos: los centrosaurinos y los chasmosaurinos, de acuerdo a las diferencias en la forma y el tamaño de los cuernos y la cola. “Entonces, por los cuernos que tienen un diámetro inmenso, se sabía que este dinosaurio era excepcional. Se determinó que era algo diferente, y se le nombró como Coahuilaceratops magnacuerna, ‘ceratópsido de Coahuila con cuernos inmensos’ en latín”. 

Un proyecto interdisciplinario

Martha nos recuerda que para hacer cualquier rescate de vertebrados, se requiere un proyecto de investigación con un objetivo bien claro, pues realizar una excavación es una tarea costosa, y también lo es viajar a los congresos y comparar materiales. “Tienes que tener un fondo que te permita trabajar en cada una de las etapas”. 

Es por eso que se realizan proyectos interdisciplinarios, en el que intervienen diferentes instituciones y hasta diferentes países, como sucedió con el hallazgo del Coahuilaceratops magnacuerna. Así, obtuvieron recursos de México a través del Gobierno de Coahuila y el Museo del Desierto; de Estados Unidos mediante National Geographic y la National Science Foundation; y de Canadá, que ayudó con fondos el Museo Royal Tyrrell de Ontario

Martha Aguillón con el cráneo del Velafrons coahuilensis

“Si no hubiéramos tenido la ayuda de especialistas extranjeros, a nosotros como mexicanos no se nos hubiera hecho caso. Creo que es una situación de ganar-ganar”, dice la paleontóloga. Ellos, como mexicanos, tuvieron capacitación, y los extranjeros aprendieron de sus técnicas para cavar e identificar fósiles. “Se quedaban muy impresionados porque caminábamos grandes distancias y llegábamos exactamente al punto donde había huesos de dinosaurios. Se sorprendieron de que no teníamos una herramienta como el GPS. Una semana después nos dieron a todos. Son herramientas que no nos hubiera sido fácil conseguir”. 

La noticia de algo realmente nuevo

Como ya mencionamos, lo más difícil fue decidir en dónde se publicaba pues, a pesar de saber que el descubrimiento era  muy importante, el material recolectado era limitado. La investigación duró alrededor de ocho años, y finalmente se publicó en 2010 en el libro Nuevas perspectivas de los dinosaurios con cuernos, fruto de un congreso en Canadá sobre ceratópsidos, realizado durante 2008. Ahí se nombró como un nuevo género y especie para el mundo. 

“Si no hubiéramos tenido la ayuda de especialistas extranjeros, a nosotros como mexicanos no se nos hubiera hecho caso.”

Martha Carolina Aguillón

“Se pudo haber hecho de otra manera, con una publicación rápida en internet, pero luego no tienen la validez o seriedad que se requería. Teníamos temor de soltar una noticia y que no fuera verdad. Luego de hablar con todos los especialistas, visitar todos los museos, colecciones y revisar los materiales, tuvimos la certeza de que teníamos algo diferente, y que debía ser nombrado y bautizado en honor al estado donde se encontró y al tamaño de sus cuernos”.

La página del Coahuilaceratops magnacuerna aún no concluye. Aún falta encontrar más elementos de su cuerpo y buscar evidencias en los huesos de su cadera, de sus escápulas, del cráneo, que nos digan qué tan diferente es o qué tamaño tenía su cola. “Sería genial saber exactamente la longitud de su cráneo. Ahorita lo calculamos en aproximadamente 1.8 metros, pero a lo mejor encontramos algo completo y resulta que era más grande.”

¿Cómo era el Coahuilaceratops magnacuerna?

Este cornudo era uno de los grandes herbívoros de su ecosistema. En cuanto a su apariencia, se parecía mucho a un rinoceronte, pero podía alcanzar hasta los 6 metros y medio de largo y probablemente los 2 metros de altura, con un peso de alrededor de 5 toneladas. 

Martha se lo imagina caminando a la orilla de un lago o estuario, que es el área que se cree que existía en Porvenir de Jalpa. “Lo veo comiendo algunas de las plantas que existían en aquellos tiempos. Por la altura entiendo que podía haber alcanzado ciertos arbustos de tamaño menor a los cuatro metros que existían en la localidad. Curiosamente se han encontrado coprolitos, o sea, heces fecales de otros dinosaurios, que tienen en su interior restos de ramas, frutos y semillas. Probablemente este dinosaurio se dedicaba a morder toda esa vegetación”. 

La investigadora supone que siempre se encontraba alerta, preparado con sus grandes cuernos, ante el posible ataque de algún gran carnívoro del tamaño de un tiranosaurio que lo pudiera atacar. “No el Tiranosaurio Rex, porque no vivió con él, pero un pariente de este. Yo creo que podían llevar un buen combate y defender a sus crías”

“Imagino en el fondo una manada de velafrones, algunos ornitomímidos por ahí corriendo, otros pequeños  troodóntidos esperando cazar lagartos, salamandras, que existían en ese ambiente. A mi me gusta imaginar  a los dinosaurios así, porque la gente se imagina a un dinosaurio con sus huesitos en medio de la nada, solo en un museo, pero no se los imaginan dinámicos, con piel, con sus músculos, su respiración, el brillo de su piel, la textura de sus escamas. Y lo que es peor, no se los imaginan conviviendo con otros animales o con el entorno, con un cielo azul. Y a lo mejor a la distancia ver el límite del agua, la bahía, todo eso, y disfrutando de una rica vegetación”.

Entrevistas y texto: JESSICA JARAMILLO

Ilustraciones: NATALIA LUNA
Edición: JOSÉ JUAN ZAPATA
Diseño web: JOSÉ JUAN ZAPATA

Dirección Amonite: QUITZÉ FERNÁNDEZ
Producción de audio: FELIPE PERALES
Locución: ELENA REYES Y ABIGAIL MUÑOZ

1 – Tlatolophus galorum

2 – ACANTHOLIPAN GONZALEZI

3 – Latirhinus uitstlani

Este artículo forma parte del proyecto “GIGANTES EN EL DESIERTO”, que fue posible gracias a una beca para la producción de trabajos periodísticos en temas de ciencia, concedida por la Fundación Gabo y el Instituto Serrapilheira, con el apoyo de la Oficina Regional de Ciencias de la UNESCO para América Latina y el Caribe.