Interacción Luciérnaga: iluminar un camino hacia la naturaleza

Maritza Eliseo y Fernando Manjarrez son dos jóvenes activistas de Mazatlán, Sinaloa, que buscar vincular a las infancias con la naturaleza por medio del arte. Crear una escuela naturalista es su misión.

Por: Laura Puentes

Foto: Facebook Interacción Luciérnaga

Cuando Maritza Eliseo era pequeña siempre le atrajeron los niños y las niñas. Le gustaba jugar con ellos, le encantaban los árboles y estar cerca de la naturaleza. La hacía sentir libre. Para ese entonces se visualizaba como una maestra o como una arqueóloga. Finalmente estudió trabajo social.

Hoy Maritza Eliseo es activista, y durante cinco años ha desarrollado un proyecto junto a Fernando Manjarrez llamado Interacción Luciérnaga, con el cual buscan hacer una escuela naturalista en Mazatlán, Sinaloa. Hoy te compartimos lo que platicamos con ella.

El nacimiento de muchas luciérnagas 

Maritza conoció en la universidad a Fernando Manjarrez, quien estudiaba sociología. Juntos en la biblioteca comenzaron a desarrollar con sus conocimientos un proyecto que luego se transformaría en parte de la comunidad de Mazatlán.

“Conocí a Fernando hace como 5 años aproximadamente. Yo estaba estudiando trabajo social y él estaba estudiando sociología. Surgió una plática, una charla muy amena sobre lo que estaba pasando aquí en la actualidad, aquí en el puerto y en todas partes. Entonces decidimos entrar en acción”, dice Maritza. 

Los comienzos fueron en la colonia Vistas del Mar, donde impartieron un taller de lectura para los niños. El nombre surgió posteriormente, luego de muchas ideas. Eliseo destaca que nació por la intervención de ellos desde la raíz a un problema social que padecían en la zona, pero fue en la comunidad La Mapa donde todo inició para Interacción Luciérnaga.

El brillo se hace más fuerte

Conforme se fue avanzando en este proyecto se fueron agregando más participantes. Ahora cuentan con una maestra de meditación, maestros de actuación, de escritura, de lectura, de música y de baile. Por el momento son aproximadamente unos seis colaboradores. Los talleres se imparten a niños de ocho a catorce años.

“Elaboramos una serie de talleres y técnicas para conectar por medio del arte a la naturaleza. Pueden ser talleres de fotografía, de lectura. Vamos a las comunidades y llevamos herramientas para que los niños se emocionen, para sensibilizarlos y desarrollar su creatividad”, mencionó Eliseo.

La lectura ha sido una parte importante para que los niños y las niñas se conecten con la naturaleza, la conozcan y sobre todo la cuiden. 

“Les llevamos lecturas. Por ejemplo, sobre la mantarraya gigante, el elefantito o el Rey León. Libros que tengan que ver con la naturaleza. Descubrimos que no solamente basta con leer, también tenemos que conectar con algún ser vivo, con la naturaleza”, dijo Maritza. 

Con la llegada de la pandemia el trabajo de Interacción Luciérnaga no se detuvo, pero se tomaron las precauciones necesarias para evitar contagios. Poco a poco han regresado ya a sus actividades cotidianas. Durante los meses de “vacaciones” los profesores lo aprovecharon para seguirse preparando. 

“Nosotros amamos la naturaleza y tratamos de hacerlo en lugares abiertos, donde haya árboles, donde haya algún ser vivo para conectarnos”.

Cambios pequeños, aprendizajes enormes 

Tanto para Maritza como para los demás colaboradores, una de las mejores experiencias es poder enseñar a las niñas y a los niños, y lo más gratificante es ver sus rostros llenos de asombro y constatar cómo de verdad se conectan con la naturaleza.

“La mejor experiencia que hemos tenido es trabajar con los niños, ver las caritas, el asombro, verlos como danzan”, dice Maritza. Los niños van cambiando hábitos violentos que tienen al jugar por actividades donde pueden desarrollar su creatividad y conexión con el medio ambiente.

“Nos tocaron unos alumnos que a las clases llevaban pistolita de juguete. Un profe nos ayudó a intercambiar la pistolita por una cámara, así que en lugar de jugar con la pistola a tirar balazos, tiran flashazos con la cámara. Vimos buenos resultados y los niños ahorita los veo más conectados”.

En Interacción Luciérnaga tienen como propósito crear una escuela naturalista y artística. Durante algún tiempo han tenido el apoyo de quienes ellos llaman “padrinos”, que son Iván Leyva y Felipe Aguilar. “Ellos creen en este proyecto y le apuestan con todo”, dice.

Así que desde Mazatlán, Sinaloa, seguirán con este proyecto innovador, donde pretenden sembrar en cada niña y niño esa semilla de amor y conexión con la naturaleza. Y qué mejor hacerlo con las herramientas del arte y la creatividad.