Alberto de la Fuente Trasfí: “Divulgar ciencia implica ayudar a distinguir entre evidencia, especulación y engaño”

El escritor lagunero presentó la plaquette "Bitácora del asombro": quince cápsulas espaciales, una recopilación de textos sobre astrofísica y ciencia.

Por: José Juan Zapata

Cuando empezó con su blog La insoportable precisión del universo, el escritor y divulgador Alberto de la Fuente Trasfí tenía una intención clara: hablar de astronomía de una manera cercana, pero sin sacrificar el rigor. Aquellas cápsulas comenzaron a formar una especie de bitácora personal. Hablaban del universo, pero también de la curiosidad, de nuestro lugar dentro de todo esto y, sobre todo, del asombro.

Ahora una selección de esos textos toma forma de una plaquette editada por Iberia Editorial, proyecto del escritor lagunero Jaime Muñoz Vargas, en su colección RAI, y lleva por título Bitácora del asombro: quince cápsulas espaciales. La publicación tuvo su primer encuentro con los lectores el pasado 23 de septiembre en La Tinta Cafebrería, en el centro de Torreón, donde también se encuentra a la venta.

“Jaime me propuso reunir algunos textos y convertirlos en una plaquette”, dice Alberto en entrevista. “Seleccioné quince cápsulas buscando variedad, pero también un hilo conductor. No quería limitarme a juntar publicaciones del blog, sino construir un pequeño recorrido por distintas formas de asombro”.

Alberto de la Fuente Trasfí es ingeniero industrial por la Universidad Iberoamericana de Torreón. Fue profesor de fotografía y ha participado en diversas publicaciones literarias, como los libros colectivos Mañana tampoco, Acequias de cuentos y Acequias de poesía. Es maestro en Astrofísica y Formación Planetaria, y fundador del Foro Ciencia Torreón, iniciativa dedicada a promover la divulgación científica mediante conferencias y actividades abiertas al público. 

De este libro escribe Jaime Muñoz: “Como en las declaraciones de amor (en este caso de amor a la divulgación), De la Fuente Trasfí nos baja el sol y las estrellas, nos mueve entre sondas, nos recuerda hitos de la conquista espacial e ilustres nombres propios, nos comparte avances científicos, nos pasea por galaxias del vecindario espacial y, en suma, nos hace ver que el universo es fascinante desde donde quiera que se le mire”.

Por eso conversamos con él, para saber un poco más acerca de su trayectoria, su visión de la divulgación y las cosas fascinantes de la investigación espacial.

-En lo personal, ¿cómo es que llegas a interesarte por la astronomía? ¿Hubo un momento en que sucediera algo significativo que te llevara a los fenómenos del espacio?

Uno de los acontecimientos que despertó mi interés fue ver El retorno del Jedi. Yo tenía siete años cuando mi papá me llevó a verla al cine. Precisamente en Bitácora del asombro cuento cómo aquella experiencia despertó mi curiosidad por el espacio.  Después de eso recuerdo subir a la azotea de mi casa y pasar horas mirando las estrellas. Creo que esa curiosidad estuvo ahí desde muy temprano y se fue alimentando con los años. He tenido la fortuna de no dejar de preguntarme cosas.

Siempre me ha impresionado mirar el cielo. Después llegaron los libros, la fotografía, muchísimos documentales, películas, los telescopios y, finalmente, la decisión de estudiar formalmente una maestría en Astrofísica y Formación Planetaria. Ahí, aquella fascinación encontró lenguaje y estructura. También hubo experiencias que reforzaron ese vínculo: visitar planetarios y, en 2017, conocer el Museo Nacional del Aire y el Espacio, en Washington. Ahí vi de cerca objetos que formaron parte de nuestra aventura espacial y pude tocar una roca lunar. Puede parecer un gesto pequeño, pero tocar un fragmento de otro mundo cambia algo dentro de uno.

Por eso no diría que existió un instante único. Fue más bien una acumulación de pequeñas revelaciones, hasta que comprendí que mirar el universo no era solamente un pasatiempo, sino una manera de relacionarme con el mundo.

-¿Cuál te parece que es uno de los retos que enfrenta actualmente la investigación espacial y astronómica? ¿Hay algún misterio grande que le quite el sueño a los científicos?

Hay muchos misterios capaces de quitarle el sueño a cualquiera. Uno de los mayores es que conocemos razonablemente bien apenas una pequeña parte del universo. Sabemos que existen la materia oscura y la energía oscura por los efectos que producen, pero todavía ignoramos qué son realmente. Es como conocer a alguien únicamente por las huellas que dejó al pasar.

En lo personal, una pregunta que me inquieta bastante es si estamos solos. Hasta ahora hemos confirmado miles de planetas fuera del Sistema Solar y estimamos que deben existir miles de millones solamente en nuestra galaxia. El reto ya no consiste únicamente en encontrarlos, sino en estudiar sus atmósferas y aprender a distinguir posibles señales de vida. También me gusta pensar en esas misiones que se perfilan para explorar Próxima Centauri. Misiones que aún no cuentan con la tecnología posible. Saber que podremos con esos retos tecnológicos me emociona.

Encontrar vida, aunque fuera microscópica, cambiaría para siempre la manera en que entendemos nuestro lugar en el cosmos. Me encanta la idea de poder ser la generación que confirme la vida fuera de nuestro planeta. 

-¿Qué retos te parece que enfrenta la divulgación científica en estos tiempos? Sobre todo en un momento de inteligencia artificial y de información tan al alcance de la mano que no podemos revisar con calma su exactitud.

Creo que el principal problema ya no es tanto la falta de información, sino su exceso y la dificultad para distinguir su calidad. Nuestras sondas, observatorios y experimentos generan cantidades enormes de datos, mientras que en internet una explicación precisa, una opinión improvisada y una mentira bien diseñada pueden aparecer juntas en la misma pantalla, con una apariencia prácticamente idéntica.

La inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria para aprender, organizar información y explicar conceptos complejos. El problema aparece cuando confundimos una respuesta convincente con una respuesta verdadera. La inteligencia artificial puede equivocarse con una seguridad que ya quisiéramos muchos de nosotros.

Algunos amigos me envían publicaciones y me preguntan si son ciertas. Algunas exageran, otras se basan en rumores y otras presentan experimentos fuera de contexto. Por eso la divulgación científica tiene hoy una responsabilidad todavía mayor. Debemos revisar las fuentes, ofrecer contexto, reconocer la incertidumbre y decir “no lo sabemos” cuando sea el caso.

Algo hermoso de la ciencia es que no colecciona verdades inamovibles. Es, más bien, un método para acercarnos a la realidad, corregir nuestros errores y formular mejores preguntas. Divulgar ciencia no consiste únicamente en hacer comprensible el conocimiento mediante un lenguaje accesible. También implica ayudar a distinguir entre evidencia, especulación y engaño.

-¿Hay algún lugar en el estado de Coahuila que sea tu preferido para observar las estrellas? ¿Cuál te parece que es el mejor ‘spot’ para la observación?

Uno de mis lugares favoritos es La Concha, en el municipio de Torreón. Ahí tenemos una quinta familiar y se encuentra un poco alejada de la ciudad. Tiene para mí un valor personal, porque ahí he realizado varias observaciones con mis telescopios.

Ahora bien, si hablamos de las mejores condiciones del estado, Cuatrociénegas es un lugar extraordinario. Sus espacios abiertos, el paisaje desértico y la baja contaminación lumínica permiten contemplar un cielo que difícilmente podemos ver desde las ciudades.

Pero mi lugar favorito no necesariamente tiene que ser el más oscuro según una medición técnica. La astronomía también se construye con experiencias y recuerdos. El sitio donde instalaste el telescopio, las personas con quienes compartiste la noche y aquel objeto que observaste por primera vez con alguien. En ese sentido, La Concha ocupa un lugar muy especial para mí.