Juguemos a hacer ciencia y reduzcamos la brecha de género

En este Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia recordamos que falta mucho para hacer para que el interés de las niñas se convierta en vocación, y que cada vez más mujeres se integren en estos campos del conocimiento.

Ilustración: Carolina Robles

Nidia es una niña de ocho años que le encanta mirar al cielo. Noche con noche, abre la ventana y mira hacia las estrellas soñando con ser la próxima niña que descubra un cometa famoso o hasta quizá un nuevo planeta.

Para el día de su cumpleaños pidió a sus papás un telescopio. Pero al llegar el gran día, recibió, en cambio, una bicicleta nueva. Nidia se pone feliz, pero cada que pedalea al atardecer y mira las primeras estrellas y la luna, no deja de pensar en el día en que pueda mirar por un telescopio y descubrir los astros.

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Alicia es una niña de 5 años que ama jugar con los autos y legos de su hermano. Pasa muchísimo tiempo construyendo torres, casas, carreteras y edificios. Pero su hermano se enoja de que agarre sus cosas y le dice que debería estar jugando con sus muñecas.

A Alicia disfruta mucho jugar a la hora del té con sus muñecas, pero le gustaría también estar creando estructuras con legos. También se imagina que inventa un nuevo vehículo donde llevar a sus muñecas a dar un paseo.

¿Por qué hay un Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia?

Aunque las anteriores son dos pequeñas historias de ficción, la verdad es que actualmente existe una gran brecha de género en cuanto al acceso de las mujeres a la ciencia. Muchas veces nos hemos topado con que, desde edad muy temprana, se desincentiva el interés de las niñas en las carreras de ciencias, matemáticas, tecnología e ingeniería, y el resultado es una poca participación a edad adulta en esos ámbitos.

Las Naciones Unidas, conscientes de la importancia del acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia para las mujeres y las niñas, establecieron en 2016 el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

Menores becas, carreras más cortas, menos tituladas

Algunos datos que destacan las Naciones Unidas:

  • Las mujeres suelen recibir becas de investigación más modestas que sus colegas masculinos y, aunque representan el 33,3% de todos los investigadores, sólo el 12% de los miembros de las academias científicas nacionales son mujeres.
  • En campos de vanguardia como la inteligencia artificial, donde solo uno de cada cinco profesionales (22%) es una mujer.
  • A pesar de la escasez de competencias en la mayoría de los campos tecnológicos que impulsan la Cuarta Revolución Industrial, las mujeres siguen representando sólo el 28% de los licenciados en ingeniería y el 40% de los licenciados en informática y computación
  • Las investigadoras suelen tener carreras más cortas y peor pagadas. Su trabajo está poco representado en las revistas de alto nivel y a menudo no se las tiene en cuenta para los ascensos.

¿Qué sucede en México?

En nuestro país, si bien hay un mayor acceso de las mujeres en las carreras de biología y ciencias de la salud, el número de mujeres en física, ingenierías, y computación es mucho más bajo que el de los hombres, por lo que existe una diferencia disciplinar por género y son menos reconocidas en estas áreas.

Según las académicas Eugenia Garduño y Anaid Reyes, integrantes de MUxEd Mujeres Unidas por la Educación, la sociedad mexicana requiere empezar a trabajar desde edades más tempranas en eliminar estereotipos y generar oportunidades para que las niñas puedan desarrollarse en áreas de las ciencia donde han sido normalmente excluidas.

Para esto se requiere una colaboración entre familias y docentes, ya que existen estereotipos de que las mujeres no tienen el talento requerido para esas profesiones. En otros casos las expectativas de los padres son otras; y finalmente existe un sesgo de género en contrataciones, promoción y evaluación del trabajo científico.

En Amonite soñamos con un mundo donde niñas como Nidia y Alicia reciban todo el estímulo necesario para que el interés se convierta en vocación, y que cada vez más mujeres se integren en el mundo de la ciencia y la tecnología. Juguemos a hacer ciencia y reduzcamos la brecha de género.