Tlatolophus galorum:
El dinosaurio de la palabra.
¿Cómo fue su descubrimiento?

Por: LAURA PUENTES
16 de junio de 2021

Ilustración: Carolina Robles

El Tlatolophus galorum, descubrierto en 2013 y confirmado como una nueva especie en este 2021, se une a la lista de dinosaurios y seres prehistóricos que poblaron las tierras de lo que hoy es el estado de Coahuila, México, durante el período Cretácico.


Los dinosaurios son seres que intrigan no sólo a la comunidad científica, sino también a buena parte de la gente, que le gusta saber sobre estas especies que habitaron nuestro planeta hace millones de años. 

Hace unas semanas conocimos con la noticia que los huesos de un dinosaurio desenterrados en 2013 por investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se habían confirmado como pertenecientes una nueva especie: el Tlatolophus galorum. El hallazgo tuvo lugar en Ejido Guadalupe Alamitos, municipio de General Cepeda, en Coahuila, y los resultados se publicaron en la revista científica Cretaceous Research.

El nombre de Tlatolophus galorum fue propuesto por los investigadores. Por un lado, el género Tlatolophus deriva de la voz nahua tlahtolli (palabra) y el griego lophus (cresta), por lo que su traducción es “cresta palabra”. Esto se debe a que la cresta de este animal asemeja en su forma a una vírgula, símbolo usado por los pueblos mesoamericanos para representar en códices la palabra o la acción comunicativa, y el saber en sí mismo. La asociación no es sólo visual, ya que en este tipo de dinosaurios la cresta tenía una función comunicativa: al tener numerosos pasajes internos y conexiones con la nariz y la tráquea, funcionaría como una trompeta integrada.

Felisa Aguilar Arellano es bióloga de formación y ahora profesora investigadora en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Desde el 2013 trabaja para el Centro INAH Coahuila, que es la representación de este Instituto en el estado. En entrevista con Amonite nos cuenta cómo fue integrar este equipo de investigación y la manera en que se trabajó en este hallazgo. “Fue todo un subibaja de emociones y aprendizajes”, dice.

Reconstrucción visual del Tlatolophus galorum
ILUSTRACIÓN: LUIS V. REY

“Desde que llegué al estado de Coahuila siempre he tenido respeto por los que trabajan con dinosaurios. Como lo que abundan aquí son los estratos del Cretácico, mi reto fue ponerme al día para poder reconocer estos elementos. Ha sido un aprendizaje en el cual son mis colegas quienes me han enseñado cada día”.

Un reporte ciudadano

Cuando Felisa se integró al centro INAH Coahuila se comenzó a gestar el proyecto llamado Protección Técnica y Legal del Patrimonio Paleontológico en el estado. La idea es agilizar todo lo que tenga que ver con los reportes que hace la ciudadanía por un hallazgo fortuito o bien incluso por alguna situación de construcción. Algo que, de manera azarosa, puede permite tener acceso a patrimonio paleontológico.

En caso de algún indicio de hallazgo se establecen medidas, ya sea para un adecuado rescate, el desarrollo propiamente de un proyecto de investigación o incluso ver de qué manera se pueden hacer otro tipo de estrategias para su conservación. 

“Este nuevo dinosaurio así ‘nació’. Fue por una atención en el año 2012, que llegó al Centro INAH Coahuila. A mí se me comisiona, junto con la persona que hizo el reporte, para hacer la inspección al sitio, la valoración y a partir de ahí establecer las estrategias. En este caso se derivó en un proyecto inicialmente de rescate”.

Investigadores del INAH y la UNAM en el lugar del hallazgo.
Foto: INAH

En este caso, si no se hacían las acciones inmediatas, por muy enterrado que estuviera el material, algunas pistas se podrían perder con una lluvia de temporal. Luego de la valoración se localizaron vértebras articuladas. Eran un gran conjunto de vértebras, lo cual es muy raro encontrar, o por lo menos en lo que se sabe con la literatura ya publicada por especialistas.

“Por lo regular las vértebras son elementos aislados, dispersos y rara vez nos apuntan a un sitio donde se puede hacer una excavación que nos dé indicios para encontrar un esqueleto. Y en este caso, por lo menos lo que veíamos era una serie de vértebras. Esto nos podía dar pauta para por fin encontrar uno de esos elementos más completos, o por lo menos composiciones articuladas. Y así nació este hallazgo”, compartió Felisa Aguilar. 

Un punto muy importante, fue establecer el equipo de trabajo. En el INAH ya se habían realizado trabajos previos con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en particular con el Instituto de Geología y se consideró pertinente seguir haciendo esta alianza de trabajo.  Fue así que se dio inicio con el proyecto de excavación en julio de 2013. 

Aprender a excavar 

Este tipo de experiencias siempre tiene matices diferentes, porque al final de cuentas cada uno de los trabajadores tiene que comprender el papel les toca dentro de ese equipo de trabajo e implica todo un proceso de aprendizaje.

En el caso de Felisa, al ser la responsable ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia, tuvo que destrabar todos los procesos de gestión y por supuesto contar con los permisos correspondientes como tal. En México, desde 1986, todo lo que tiene que ver con excavaciones y estudios de investigación relacionados con fósiles requieren de una autorización, tal y como lo marca la Ley Federal sobre Monumentos, Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos.

También fue aprender otros procesos, particularmente en la parte de excavación. Ahí estuvo presente la experiencia tanto del maestro René Hernández Rivera, del Instituto de Geología de la UNAM, como del investigador José López Espinosa. 

La formación de fósiles

Cuando se habla de de fósiles se tienen en cuenta tres condiciones: que al momento de morir el animal quede rápidamente enterrado. Segundo, que esté bajo condiciones sin oxígeno, porque eso también ayuda a que la descomposición sea mucho más lenta y tengamos ciertos detalles tan bien preservados. Y tercero, que al momento posterior de su muerte tampoco haya movimientos.

Ilustración: Jess Silva

 “Creo que la excavación fue el punto culminante, porque literalmente fue aprender a excavar, a picar la piedra, porque son diferentes los contextos del pleistoceno en el cual yo ya había tenido la oportunidad de participar”, añadió Felisa.

Los investigadores tenían la esperanza de encontrar el esqueleto completo. Sin embargo, conforme pasaban los días resultó que nada más se trataba de la cola. Pero al final de cuentas, por la información, las dimensiones que tenía, estaban aportando algo nuevo para escribir la anatomía de este tipo de dinosaurios. En su momento se identificó que correspondía a un hadrosaurio con cresta, por las características de los elementos recuperados. 

Un nuevo dinosaurio en el mundo

Según la investigadora Felisa Aguilar esta especie de dinosaurio no se ha localizado en otro lugar del mundo.  Al menos no en las zonas con temporalidad similar a la que hay en esta localidad en el estado de Coahuila. Es una fortuna que tuvo el equipo.

“En un momento solamente encontramos la cola, pero conforme fuimos preparando el área de extracción, fueron apareciendo más elementos del esqueleto. Encontramos un fémur, parte de la cadera, la escápula, y empezamos a detectar a la mandíbula. Se detectaron los dientes y había una pieza que en su momento hubo una discusión dentro del equipo de trabajo sobre si era parte del cráneo u otro hueso de la cadera”, dijo Aguilar Arellano. 

Conforme se fue limpiando el material, y al ver que sí se trataba del cráneo, esa pieza fue la prioridad para los investigadores. Porque en los fósiles tienes que dar con los huesos que pueden apoyar para la identificación. Así, se encontró un 80 por ciento del cráneo.  

Conforme se iban describiendo sus caracteres se logró encontrar algo distinto: la cresta, la cual era más parecida a la cresta de los dinosaurios que se conocen como Parasaurolophus. 

Esta especie tiene la cresta en forma tubular hacia atrás. “Es como una coma invertida, así que nos dio toda la pauta para decir que estábamos ante algo completamente distinto, incluso nos permite proponer tanto un género como una especie nueva”, añadió Aguilar. 

Cráneo recuperado del Tlatolophus galorum.
FOTOS: INAH

La diferencia entre el Velafrons coahuilensis y este nuevo dinosaurio es precisamente la cresta. La del Velafrons tiene que ver más con esa forma de vela de barco y no necesariamente está conectada a su parte nasal. En el Tlatolophus sí tiene una gran conexión que va desde las fosas nasales hasta la cresta. 

“Estamos hablando de grupos que pudieron haber cohabitado, porque vemos bien bajo qué condiciones estos materiales se depositaron”, dice Aguilar.

La cola articulada del Tlatolophus galorum se exhibe actualmente en la cabecera municipal de General Cepeda, donde —con apoyo del ayuntamiento— se habilitó un espacio en el que los habitantes del municipio y visitantes pueden conocer los vestigios de este antiguo habitante de la Tierra.

“Este fósil, que continúa bajo investigación, es un caso excepcional en la paleontología mexicana, ya que tuvieron que ocurrir sucesos altamente favorables desde hace millones de años, cuando Coahuila era una región tropical, como una gran planicie costera, para que se conservara en las condiciones con las cuales lo encontramos”, subraya la paleontóloga Felisa Aguilar.

Es una experiencia que me ha marcado y creo que a todos los que participamos en aquella temporada de seis semanas fueron muy enriquecedora y de mucho aprendizaje”. 

Animación: Carolina Robles