Florence, la dama de la lámpara

Sus padres se opusieron porque dedicarse a la enfermería no era para una señorita de sociedad como ella. Pero Florence Nightingale insistió y se convirtió en la enfermera más recordada de la historia. Aquí les contamos su vida.

Por: Laura Puentes

Ilustración: Carolina Robles

Un día soleado y hermoso, para ser más precisos el 12 de mayo de 1820, en la capital del Gran Ducado de Toscana, hoy mejor conocido como Florencia, nació una niña cuya vida sería recordada siempre. Su nombre era Florence Nightingale. 

Florence era hija de William Edward Nightingale y Frances Smith, un matrimonio que vivía económicamente muy bien, así que a la pequeña nunca le faltó nada. Al contrario, tenía todo lo que una niña de su edad deseaba. 

Conforme pasó el tiempo aquella pequeña crecía no solo en estatura sino también en curiosidad e inquietud por hacer cosas diferentes a las que aprendía en su hogar. 

Para cuando Florence tenía 17 años habló con sus padres sobre una decisión que daría un cambio a la vida que tenía en ese momento. Les explicó algo que ella misma interpretó como divino: se había motivado a dedicarse a la enfermería, lo cual comenzaría a hacer a partir de 1844. 

Sus padres atónitos ante lo que les decía su hija se opusieron, pues en aquellos años ser enfermera o cuidadora solo era para la clase trabajadora y no para una señorita de sociedad. 

Una enfermera viajera

Pero eso no detuvo a Florence. En los siguientes años, segura de su vocación, y de manera autodidacta, se convirtió en una experta frecuentando los centros sanitarios que visitaba en cada uno de sus viajes. 

Florence se convirtió en una gran viajera, una costumbre de la época, cuya función era instruir a las mujeres. Francia, Italia, Suiza, Grecia y Egipto fueron algunos de sus destinos. 

Mientras ella realizaba estos viajes, escribió en su diario su proceso de aprendizaje, donde volcó sus habilidades literarias y su manera de afrontar vida.

El 22 de agosto de 1853 Florence asumió el cargo de superintendente en el Instituto para el Cuidado de Señoras Enfermas, el cual era para mujeres sin techo en Londres, puesto que ocupó hasta octubre de 1854.

En la guerra

Para octubre de 1856, Florence, junto con 38 enfermeras, partió hacia el frente de la Guerra de Crimea, conflicto bélico entre el Imperio Ruso y la alianza del Reino Unido, Francia, el Imperio Otomano y el Reino de Piamonte y Cerdeña. 

Florence y su equipo de enfermeras llegaron a la base de operaciones de Scutari, donde se percataron que miles de soldados heridos morían ante la falta de médicos pero también de higiene. 

Para marzo de 1855, el gobierno británico destinó una comisión sanitaria a Scutari, casi seis meses después de la llegada de Florence. Ella se dedicó a ordenar la limpieza de los vertederos contaminantes y mejoró la ventilación del hospital. Logrando con estas medidas que poca gente muriera. 

Cuando la guerra finalizó en 1856, Florence solicitó audiencia a la Reina Victoria y convenció a la monarca de la necesidad de poner en marcha drásticas reformas higiénicas en los centros hospitalarios, las cuales dieron pie a mejores medidas preventivas.

Fundadora de escuelas

Florence Nightingale se volvió una auténtica heroína en su país, comenzó a ser conocida como La dama de la lámpara por el poema “Santa Filomena” de Henry Wadsworth Longfellow, publicado en 1857.

Para el año de 1860, Florence inauguró una Escuela de Adiestramiento de Enfermeras en el hospital St. Thomas y comenzó a trabajar y escribir sobre diferentes reformas sanitarias.

En 1883, la reina Victoria le otorgó la Real Cruz Roja, y en 1907 el Rey Eduardo VII le concedió la Orden del Mérito, la primera vez que se le daba a una mujer. En 1908, se le entregaron las Llaves de la Ciudad de Londres y, en 1910 falleció mientras dormía, culminando así la vida de una mujer que, a pesar de todo, siempre siguió su vocación.

Referencia:

Florence Nightingale, mucho más que la dama de la lámpara | Ciencia y más | Mujeres con ciencia