¿Será verdad lo que me contó el taxista?

¿Será que la ciencia pueda encontrar alguna explicación a algunas historias que parecen fantasía? ¿Qué sucede con nuestra conciencia cuando fallecemos?

Por: Mabel Amen

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Foto: Pedro Delgado Maqueda (Flickr CC)

No le creí cuando me lo contó. Tampoco espero que le crean ustedes. Pero mi vecino, el taxista es una persona muy respetada en el barrio, y no creo que le guste que pensemos que está loco.

Quizá alguna vez podamos entender cómo Marina tomó el taxi de mi vecino, cuando ya nadie la esperaba.

Eran las 8 de la noche, Juan volvía con su taxi a su casa por la calle Ramón Falcón, cuando una chica joven con un vestido rosa y recién sacado de la tintorería, lo paró.

 –¿A dónde la llevo señorita? -le dijo Juan.

 -Rápido, -le contestó Marina. -Lléveme hasta Lacarra y Rivadavia.

 -Parece que lleva prisa, -preguntó Juan.

 -Sí. Y mucha. Hoy festejo mis 15 años y tengo que estar lista a las 9. Los invitados me esperan.

 -Así que, como hoy hay fiesta, iremos a toda velocidad. -afirmó Juan, con entusiasmo.

Luego de unos minutos, apenas cruzó el semáforo verde y encontró un lugar para estacionar, dijo: “Hemos llegado”.

Marina, le pidió que  esperara en la puerta hasta que le avisara a la madre que baje a pagarle. Abrió la puerta del taxi y se adentró en la casa.

Juan esperó unos minutos, diez, quince, veinte, hasta que decidió bajarse y tocar el timbre; seguramente con los nervios de la fiesta se habrían olvidado de él.

Grande fue su sorpresa, cuando le abre la puerta una señora con cara muy triste y vestida de negro; no precisamente como para ir a una fiesta.

-Buenas noches, -la saluda el taxista. -¿Aquí vive Marina?

Yo soy su madre, -dice la mujer, -pero ella ya no vive aquí.

-¿Cómo? -Responde extrañado Juan. -Precisamente recién la dejé en la puerta con el taxi y me dijo que festejaba su cumpleaños.

-Pero ¿qué dice? Si usted ni la conocía. ¿Cómo era ella? -Le pregunta asombrada.

-Era rubia, pelo largo, ojos azules turquesas y tenía en los brazos un vestido de encaje rosa envuelto por la tintorería.

En ese momento, la mujer se pone pálida, le tiemblan las piernas  y con la voz entrecortada, le cuenta a mi vecino que hace un año, cuando Marina iba a festejar sus 15 años, un automóvil la atropelló y murió al instante, sin poder llegar nunca a su hogar.

Juan, se quedó sin aliento. No podía creer lo que esa mujer le decía sobre la chica que había hablado con él todo el viaje. También a nosotros nos cuesta creer que eso haya pasado; con la única diferencia que él la vio y se comunicó con su alma, de manera tan real,  como si se hubiera materializado.

***

Sí. Lo que contó es difícil de creer.  Pero historias como esta seguro hemos escuchado alguna vez a lo largo de nuestra vida. ¿Será que la ciencia pueda encontrar alguna explicación de esto? ¿Qué sucede con nuestra conciencia cuando fallecemos?

Quizá la respuesta la pueda tener en el futuro la física cuántica. Es la parte de la física que estudia el comportamiento de las partículas más pequeñas. La energía que generan hace posible atravesar paredes, encontrarse en varios sitios a la vez y verse en todos los sentidos, al mismo tiempo.

Desde los años noventa, los doctores Stuart Hameroff, del departamento de anestesiología y psicología y director del Centro de Estudios de la Conciencia de la Universidad de Arizona, junto a su colega Roger Panrose, físico matemático de la Universidad de Oxford, Reino Unido, trabajaron en una teoría que establece que la conciencia está contenida en unas estructuras llamadas microtúbulos, dentro de las neuronas, nuestras células cerebrales.

Los científicos piensan que nuestras experiencias son resultado de procesos cuánticos dentro de esos microtúbulos. A ese proceso le llaman Reducción Objetiva Orquestada. Para resumirlo, la idea es que estos actúan como canales para la transferencia de información.

Hameroff ha contado en algunos documentales que, cuando el corazón deja de latir, los microtúbulos pierden su estado cuántico, pero la información que contienen no se destruye, simplemente se disipa y distribuye por el universo. ¿Sería posible que esa información exista fuera del cuerpo? ¿Podríamos llamarla “alma”?

Para que podamos responder a esas respuestas quizá todavía falta mucho tiempo. Las teorías de Hameroff y Panrose siguen siendo controvertidas y hay varios investigadores que están buscando pruebas que puedan sustentarlas o desmentirlas. Mientras la ciencia avanza paso a paso, por ahora nos seguiremos preguntando si será verdad lo que nos contó el taxista, o si es sólo una historia ficticia y asombrosa.